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Algo hicimos Mal: Oscar Arias, Presidente de Costa Rica

mayo 15, 2009
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Palabras de Óscar Arias, Presidente de la República de Costa Rica en la Cumbre de las Américas. Trinidad y Tobago .

18 de abril del 2009

 

Oscar Arias, Presidente de Costa Rica. Premio Nóbel de la Paz en 1987

Oscar Arias, Presidente de Costa Rica. Premio Nóbel de la Paz en 1987

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo. 

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres. Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.


También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos. En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000. 000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo. ..), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “ la verdad es que enriquecerse es glorioso ”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.


La buena noticia es que esto lo logró Deng Xiaoping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas Gracias.

Óscar Rafael de Jesús Arias Sánchez (Heredia, 13/09/1940) es un político costarricense, actual presidente de su país, y el primer ganador del Premio Nóbel (y hoy día el único costarricense que ha ganado este premio) en convertirse en mandatario de una nación latinoamericana. Abogado, economista, politólogo, empresario y filósofo, gobernó el país durante el período 1986 a 1990.

Recibió el Premio Nóbel de la Paz en 1987, por haber participado de los procesos de paz en los conflictos armados de América Central de los años ochenta, especialmente por su férrea oposición al apoyo estadounidense en el conflicto nicaragüense de los contras.

Recientemente se encuentra en una posición donde mantiene su apoyo a uno de los principales temas de la campaña, la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana; sin embargo en Costa Rica hay sectores que adversan la aprobación del tratado como otros que la apoyan.

Lanzó su nombre como candidato a la presidencia del país en junio de 2005, después de que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declaró que la reforma a la Constitución que impedía la reelección presidencial violaba derechos básicos de los ciudadanos. Ganó las elecciones de 2006 con un estrecho margen, de 1,1% sobre su inmediato seguidor, candidato de la izquierda, Ottón Solís Fallas. La reelección del Dr. Arias es un hecho que sucede por primera vez en los últimos 36 años.

Oscar Arias goza de un bien ganado prestigio tanto nacional como internacional.

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2 comentarios leave one →
  1. mayo 16, 2009 10:39 pm

    Discrepo en la parte de educación, los índices de analfabetismo en EEUU superan los de muchos países latinos, en cuanto a números tenemos mejor educación q en GENERAL los gringos, claro uno q salga de Harvard es otra cosa, pero en general somos más los profesionales en países del tercer mundo que los que hay en EEUU y es algo q si te pones a pensar es hasta lógico.

    Pero en general es así, los gobiernos deficientes de América latina culpan y culparan siempre al gigante.

    • mayo 17, 2009 2:48 am

      De acuerdo, “generalmente” hablando. Y claro el 3er mundista si aspira subir de escalon económico “tiene” que formarse.

      Más lo que me parece más grave, y es lo que he leído mucho en artículos de opinión, es lo atrasado que estamos en nuestras universidades y colegios. Y creo que nos quedamos en la era industrial. Sobre todo los colegios me preocupan, ya que ni se brinda una BUENA educación de siglo XX, ni hablar del siglo XXI. Claro hay muchos institutos de educación de calidad, los institutos privados inclinan un poco la balanza, y digo un poco ya que en gran parte de ellos han bajado de calidad.

      Es como la Universidad, uno sale bien formado, pero trae muchas deficiencias de antes, y al graduarse estás saliendo con conocimientos del siglo XX. El actualizarse queda de parte del mismo estudiante, prácticamente. La que me agrada de la declaración es el ahínco en Educación. Lo que tanto falta aquí. ( obviamente me refiero a la educación pública, y los pocos recursos que se le destinan y del pensum educativo en sí)

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